El CARBONCILLO, una estupenda técnica milenaria de iniciación.
- garrosavirginia

- 12 mar
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Actualizado: 2 jul
Una de las técnicas más utilizadas en dibujo es el carboncillo como experiencia de iniciación.
Técnica seca, aparentemente tan sencilla como antigua nos permite aprender a encajar con cierta facilidad, ordenando el dibujo mediante trazos ligeros sin tener que presionar en exceso, algo que sí ocurre y he visto en innumerables ocasiones cuando los niños comienzan a dibujar. Se da de hecho también en algunos adultos. Versátil y de fácil manejo, nos proporciona una visión, puede que más sencilla a la hora de trabajar luces y sombras en relación al volumen.

Su uso, como la mayoría sabemos, se remonta a la antigüedad, seguramente ligado a las primeras manifestaciones artísticas humanas. Posteriormente será retomado en el Renacimiento convirtiéndose en una técnica recurrente en el largo periplo del arte que llega hasta nuestros días, que va desde el sencillo boceto o estudio previo para la composición de una obra, a la obra exquisitamente finalizada. De la figuración a la abstracción, pasando por los diferentes estilos artísticos, su legado podemos decir que es milenario.
Aprender el buen manejo, su dominio, requiere como cualquier otra técnica artística de tiempo, constancia, de fases de experimentación y estudio. A nuestros primeros dibujos sencillos, con trazos más torpes, nuestra mano poco a poco irá imprimiendo veracidad, vitalidad, confianza en el trazo firme, fresco, dinámico, naturalizando la representación.

Un dibujo sea realizado en carboncillo o en cualquier otra técnica, ha de ser capaz de representar la vida, la energía y el misterio que habita en cada elemento que nos rodea. Si somos capaces de establecer la intimidad con el objeto mediante la observación seremos capaces de dotar a nuestro trabajo de la fuerza y potencia necesaria capaz de comunicar emociones, sentimientos, de llegar al alma, puede que al corazón del espectador.
Podemos pensar que su negro trazo es un legado de la tierra, que nace de la raíz más profunda de nuestra propia historia, de nuestra naturaleza.
Virginia Garrosa




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